Bayreuth, donde la ópera se resucita

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Mi primera vez en el Festival de Bayreuth. Bayreuth, Bayreuth, suena como un sueño. Báiroit. Un oasis de ópera en que mundo y tiempo dejan de existir, la imagen se hace música y la partitura se destila en color. Fantasía colectiva, ejercicio de autopersuasión. Ayer vivimos al maestro Wagner, le dotamos de memoria. Ayer se amó la ópera hasta el extremo.

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Semana 13: Die Meistersinger von Nürnberg – Wagner

No sé si ha sido el azar o el subconsciente quien lo ha decidido así (os aseguro que no estaba planeado). Pero, precisamente en la semana decimotercera de mi desafío, he conocido la última obra que me quedaba del llamado canon de Bayreuth. Los maestros cantores de Núremberg, quizá la ópera del repertorio con peor prensa. Mi conocimientos previos sobre Meistersinger se resumían en estos tres puntos:

  • Una comedia (!) escrita por el tío más impostado y aburrido del planeta, que es capaz de hacer de cualquier tema inocente un rollo místico insoportable.
  • Una obra larga como un día sin pan, en la que apenas sucede nada, con efectos terapéuticos similares al Tour de Francia.
  • Un manifiesto antisemita y ultranacionalista, en que el final feliz consiste en que el ario humille al judío ante todo el pueblo.

Con toda esta información previa sobre la ópera, entenderéis, queridos lectores, que no me haya pasado mis ya casi 10 años de afición deseando conocer esta obra imprescindible. Pero ahora, inmerso en mi reto de las 52 Óperas del Año, preparándome para mi primera vez en el legendario festival de Bayreuth y mientras leo un fascinante libro sobre Winifred Wagner y el Bayreuth de la época nazi, había llegado el momento de afrontar mis fallas en el canon del genio de Leipzig. Del Holandés errante di cuenta hace diez semanas, hoy le llega el momento a los Maestros.

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Semana 3: Der fliegende Holländer – Wagner

Escuchada en la maravillosa versión de Knappertsbusch, gracias a la recomendación de la mejor abogada que puede tener esta ópera romántica.

En primer lugar, es cierto. A estas alturas de la película, seguía sin conocer el Holandés errante. Me da un poco de vergüenza, pero es así. Pasamos al siguiente punto.

Se suele considerar esta ópera como el momento en que Wagner corta con la tradición operística. creando un estilo absolutamente personal. La primera de sus óperas del canon. Pero mi impresión ha sido absolutamente contraria. Veo en el Holandés un ejemplo de cómo Wagner domina la ópera romántica y cómo es capaz de utilizar todas sus estructuras de una manera absolutamente magistral, aunque no especialmente personal. No hay nada en los duetos, tercetos o coros que para mí diga “Soy Wagner”, que sean inconfundibles con uno de Weber. Eso vendrá después.

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