Semana 17: Goyescas – Granados

Una ópera inspirada por la mirada de un hombre: tonos verdes y sonrosados que se convierten en voz humana y la orquesta que murmura. Goyescas: dotar de vida lo que ya tiene vida.

Llevaba tiempo interesado en esta ópera. No solo pertenece a ese selecto club de la llamada ópera española, que no zarzuela (aunque ya sabéis que a mí lo mismo me da que me da lo mismo), lo cual le da un plus. Es que, además, lo poco que conocía de su música era muy atrayente, alegre y vivaz, como los maravillosos cartones de Goya. Después de una maravillosa visita al Prado, entre pinturas negras, parasoles y algún que otro fusilamiento, me he decidido a conocer esta obrita.

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Semana 15: Věc Makropulos – Janáček

¿Qué darías por vivir eternamente joven?

Todo a tu alcance: visitar todos los países del mundo, leer todos los libros, amar desesperadamente a cientos, vivir millones de ti. Conocimiento y sabiduría, belleza y éxito sin fin. Solo una cosa prohibida: decir “No tengo tiempo

Mientras, las vidas de tu alrededor titilan como luciérnagas y se extinguen. Sus existencias te parecen fútiles: son polen flotando en el agua, un movimiento browniano, apenas una vibración. Su único recuerdo es tu recuerdo. Hace ya siglos de siglos que ya no son. Eres un dios en la tierra. Estás eternamente solo.

¿Lo harías? Emilia Marty sí.

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Semana 12: Adriana Lecouvreur – Cilea

La ópera de esta semana es una de las que deseaba conocer con mayor ansia.

Tuve mi primer contacto con Adriana como muchos, a través de un recital de arias. Era una época en que les tenía manía a esos recitales. Me parecían ópera para vagos, sin drama ni fundamento: como varitas de merluza para un amante del pescado. Pero en mi amada caja Callas venían varios recitales suyos y por Maria, decidí hacer una excepción.

Ecco, respiro appena

Sonaba un aria que no conocía, la voz de Callas a cappella, y entonces entra la orquesta. Melodía contenida, tímida y envolvente, que te va poco a poco rodeando y conquistando con recato. Hablaba de una humilde esclava. No sabía qué quería decir aquello, no entendía el contexto, pero quedé hechizado. Llegó ese final en pianíssimo, con la repetición en la orquesta del tema principal y yo ya sabía “Esa ópera quiero conocerla”.

Cinco segundos comenzaba Poveri fiori: el aria en voz de lágrima. Aun hoy, soy incapaz de escuchar el comienzo sin que la mirada se me quede fija en el infinito y el corazón encogido por el sufrimiento desconocido de la soprano.

¿Que por qué no la había escuchado hasta ahora? Porque soy un procrastinador nato. Era una de esas obras que me rondaba por la mente desde hacía meses. De esas que te atrae y deseas conocer y que, por la razón que sea, no te decides a hincarle el diente. No es el momento. Ya tendré una excusa mejor.

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Semana 11: Porgy and Bess – Gershwin

La semana pasada tuve la oportunidad de visitar por primera vez el teatro de ópera mas importante de mi país (con perdón del Teatro Real), una maravilla arquitectónica de lujos y dorados, mucho vértigo desde el gallinero y políticos, próceres y otros popes rondando por los pasillos. En el escaso tiempo libre que me dejaba cierto Congreso, asistía a una de las obras musicales más populares del siglo XX, composición que abarca desde la ópera al musical, del jazz a la tradición musical europea y se encuentra en lo que nos hace humanos: placer, amor, celos y odio. Te lleva a un país lejano, una vida terrible y apacible en la que podemos sentirnos mucho más identificados que con nuestros héroes, las cuitas de Werther o las lágrimas de Magda.

Es una ópera de hombres que viven como hombres y no como almas. Pero llega el final y sientes cómo los personajes, entre tanta danza y gospel, han acabado convertidos en estereotiposPorgy and Bess es un comienzo prometedor, que fracasa en sus promesas.

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Semana 9: Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny – Weill

Jenny: ¿Y qué hay de la ropa interior, querido? ¿Prefieres que lleve bragas bajo la falda? ¿O mejor sin ellas?

Jim: Mejor sin ellas.

De nuevo, otras dos semanas desatendiendo a este pequeño bebé que es mi blog. Desde que escuché la nona ópera del reto no he tenido sentarme junto al teclado y escribir. Bueno, en realidad sí, porque me he pegado horas y horas preparando cierto boletín informativo que me ha llevado un poquito por la calle de la amargura hasta acabarlo. Durante la espera, habiendo escuchado ya la décima ópera de mi reto, las impresiones del momento quizá se hayan ido escurriendo lentamente por entre los pliegues de la vida diaria. Habrán perdido buena parte de sus espontaneidad. Pero esta vez lo tengo bastante fácil, porque Aufstieg und Fall der Stadt Mahagonny – Auge y caída de la ciudad Mahagonny (Mahagonny para los amigos) es una de esas óperas con cuatro melodías pegadizas y dos o tres frases inolvidables, fruto de una de las más emocionantes colaboraciones entre un músico y un escritor que ha producido la historia de la ópera.

También ayuda que ya conociera las canciones más famosas gracias a un maravilloso CD que me regalaron en el amigo invisible de Una noche en la ópera, allá por el pleistoceno.

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Semana 7: Luisa Fernanda – Moreno Torroba

ROSITA
Mi madre me criaba
pa chalequera,
pero yo le he salido pantalonera.

MARIANA
Hay sus razones,
y es que te gustan mucho los pantalones…

Lo sé, esta entrada llega demasiado tarde. La semana séptima está más que acabada y los -pocos- lectores que me seguís me diréis que acabo de faltar a mi compromiso. Una visita de mi hermano me ha impedido sacar tiempo para dedicarlo al blog y una avería en mi portátil ha rematado la faena. Pero debo decir que he cumplido con mi objetivo. A pesar de las pesares, la semana pasada descubrí otra ópera nueva. O mejor dicho, una zarzuela, mi segunda zarzuela: Luisa Fernanda, del español Federico Moreno Torroba.

Pero antes de entrar en harina, tengo un pecado que confesar. Hasta la semana pasada, siempre había mirado a nuestro género patrio por encima del hombro. Solo conocía la archifamosa Verbena de la paloma donde aparte de disfrutar con el manoseadísimo ¿Dónde vas con mantón de Manila?, me limité a aborrecer al ¿tenor? cómico y a la vieja de voz carajillera que se pasan dando la tabarra durante la hora que dura la zarzuela. Un bodrio, ¡y eso en una de las más célebres! Resultado: hasta la semana pasada, para mí el género era una colección de musicorrios que conoce todo el mundo,  chulos y castizas del XIX que hablan y cantan del tiempo que hacen en Madrid y mucho, mucho, bailoteo al estilo José Luis Moreno. Un género en que los escasos aficionados dejan de serlo por motivos biológicos.

¡Cuan equivocado estaba!

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Semana 6: La rondine – Puccini

Vuelvo a los orígenes. Hoy nos dejamos de barrocos, de franceses o de wagneriadas. Toca Puccini. Puccini, ese compositor que tan feliz me ha hecho. Ese compositor cuyas historias de mujeres en peligro tantas veces me han hecho llorar, viendo cómo a la pobre Suor Angelica se le aparece su hijo como signo de su salvación o mientras un bandido y su improbable salvadora dicen adiós a las colinas de California. Puccini ha sido durante mucho tiempo mi compositor favorito, el que escuchaba de manera obsesiva durante horas: cuando no era Tosca, era Turandot, cuando no, La fanciulla del West (esa joya a la vez que spaghetti-western).

Y de su no tan extensa obra, quitando sus dos primeras óperas de juventud, solo me faltaba por conocer La rondine. Con lo obsesivo-perfeccionista que soy yo en esto de ampliar repertorio, ¿por qué estamos ahora a estas alturas? La razón es prosaica. No estaba incluida en la caja Tebaldi-Puccini que me regalaron una vez por mi cumpleaños. Y una vez que se pasó mi fiebre  pucciniana, no encontré un momento propicio para conocer la hermanastra de sus óperas, la siempre desgraciada golondrina. ¿Mi conclusión? Es la ópera más bonita que jamás he oído. Pero la peor de las grandes óperas puccinianas.

¿Cómo puede ser eso? Es realmente sencillo.

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