Semana 12: Adriana Lecouvreur – Cilea

La ópera de esta semana es una de las que deseaba conocer con mayor ansia.

Tuve mi primer contacto con Adriana como muchos, a través de un recital de arias. Era una época en que les tenía manía a esos recitales. Me parecían ópera para vagos, sin drama ni fundamento: como varitas de merluza para un amante del pescado. Pero en mi amada caja Callas venían varios recitales suyos y por Maria, decidí hacer una excepción.

Ecco, respiro appena

Sonaba un aria que no conocía, la voz de Callas a cappella, y entonces entra la orquesta. Melodía contenida, tímida y envolvente, que te va poco a poco rodeando y conquistando con recato. Hablaba de una humilde esclava. No sabía qué quería decir aquello, no entendía el contexto, pero quedé hechizado. Llegó ese final en pianíssimo, con la repetición en la orquesta del tema principal y yo ya sabía “Esa ópera quiero conocerla”.

Cinco segundos comenzaba Poveri fiori: el aria en voz de lágrima. Aun hoy, soy incapaz de escuchar el comienzo sin que la mirada se me quede fija en el infinito y el corazón encogido por el sufrimiento desconocido de la soprano.

¿Que por qué no la había escuchado hasta ahora? Porque soy un procrastinador nato. Era una de esas obras que me rondaba por la mente desde hacía meses. De esas que te atrae y deseas conocer y que, por la razón que sea, no te decides a hincarle el diente. No es el momento. Ya tendré una excusa mejor.

Adriana Lecouvreur es una ópera superlativa. Pertenece al club selecto de Trovatore, Gioconda y Tosca, una de esas obras que definen el género y la retratan con todas sus virtudes y defectos. Si mañana bajaran extraterrestres y nos preguntasen “¿Qué es ópera?”, habría que mostrarles Adriana.

¿Qué es ópera?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Ópera... eres tú.

¿Qué es ópera?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
Ópera… eres tú.

El libreto es tremendamente confuso, pero no le falta de nada: mujeres histéricas gritándose y sacándose los ojos por amor a un mismo hombre, condes que se hacen pasar por soldados, teatro dentro del teatro… Hasta una soprano que muere de la forma más estrafalaria y le da tiempo a despedirse con un aria. Mucho grito, mucha lágrima, muchos celos. Una ópera como Dios manda.

Adriana es una exitosa actriz de teatro (otra más), adorada por su público y los hombres. Tiene por amante a Maurizio, conde de Sajonia (aunque ella no lo sabe al principio, pero da igual, porque no influye en la trauma). El caso es que Maurizio, antes estaba con la Princesa de Bouillon, que no lo es por derecho propio, sino por ser la mujer del príncipe de Bouillon. La Princesa está enamorada de él hasta las trancas, pero Maurizio solo siente por ella una entrañable amistad. El príncipe casi les pilla ifraganti, pero Maurizio consigue escabullirse del palacio en que estaban y le pide a Adriana que ayude también a escapar a la Princesa. Cuando ella va a llevarle la llave de la libertad, sin verse siquiera, se reconocen como rivales-enemigas íntimas-mantis religiosas que desean comérsela comerse al mismo varón. Acaban diciéndose de todo menos guapa, y en esto la Condesa escapa.

Unos días después, Adriana tiene una actuación en casa de los Príncipes de Boiullon. La actriz y su rival se re-reconocen mutuamente, y ella le recita un precioso monólogo teatral (de Fedra) en que le pone de puta para arriba, mientras mira a la Princesa a los ojos. La de Bouillon, humillada, decide olvidar que esa señora le salvó la vida y quiere vengarse. Y vengarse a la manera de la ópera italiana. Es decir, matándola. Para ello, le envía a su casa un ramillete de violetas envenenadas (que a su vez Adriana le había dado, sin envenenar, al bello Maurizio). Ella las huele y en esto vuelve Maurizio para reconciliarse. Hablan de una vida compartida de placeres sin fin, pero ella está pálida de sangre. Solo puede haber una razón: ha sido envenenada por el ramillete de flores que recibió ese mismo día. Los personajes se dan cuenta de inmediato ya que, ¿dónde se ha visto que alguien mande violetas sin envenenar?.

Y así muere la pobrecita.

La Princesa de Bouillon, la más hermosa de todo el reino.

La Princesa de Bouillon, la más hermosa de todo el reino.

Y los no opereros os estaréis preguntando… ¿qué bodrio es este? Este bodrio es la razón para escuchar a cantantes hacer oro con el canto. Da igual la situación: bien la tremenda aria de la Princesa de Bouillon o el emocionantísimo primer encuentro entre las dos rivales, la música es siempre tersa, apasionada, directa y emocionante.

Es el fuego que alimenta nuestras pasiones, es el arte de los excesos.

Soy de sangre fría: no va a ser esta una de mis óperas favoritas. Arias preciosas entre fragmentos más vulgarotes y una historia que no hay por dónde cogerla es una buena formula, pero no para apasionarme. Pero a veces, en estos días de calor o si estás enamorado como los personajes de la Lecouvreur, hay que saber perdonar los pecados ajenos.

Y eso es muy fácil cuando oyes esa primera frase milagrosa del aria Poveri fiori.

Pobres flores…

Mi veredicto

Adriana Lecouvreur, escuchada por primera vez el 20 de julio, con esta grabación.

Te gustará si… eres homeotermo, y te da igual 8 que 80.

No te gustará si… Trovatore te parece un truño.

Mi puntuación: 8

Por último, os dejo con el aria que me llevó aquí, el aria de presentación de Adriana

¿A que es una maravilla de voz y de humildad?

 

Anuncios

6 pensamientos en “Semana 12: Adriana Lecouvreur – Cilea

  1. Bueno, Adriana es un operón desaforado, capaz de sacar a sus casillas al más académico de los melómanos, plagado de bellísimas melodías…. eso sí, sin mucha conexión unas con otras.
    Como bien dices, es paradigma de la ópera y merece la pena ser conocida.
    Si Callas te emocionó cantando Adriana, escucha a Caballé. Sólo te digo eso.

    Grabación imprescindible para toda operera que se considere tal: la Adriana de Tokio, tanto en audio como en vídeo.

    Grabación moderna en dvd: la de Londres con una cursilísima (pero efectiva) Gheorghiu.

    Grabaciones que suenan a sartén de huevos fritos pero que todo friki operístico te recomendará: cualquiera en directo con Magda Olivero. Y ríete tú del megarrealismo.

    A todo esto, me parece FATAL que te dejes por comentar uno de los personajes imprescindibles: LA DUCLOS.

  2. Jajaja! Yo fui a verla siguiendo mi costumbre con las óperas ignotas, sin prepararme nada, y recuerdo que me gustó bastante, con momentos realmente preciosos. Y con los años se aprende a entender/asumir las tramas más ininteligibles (excepción hecha de Trovatore, claro).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s