Semana 10: Die Soldaten – Zimmermann

Esta es la entrada que más me ha costado escribir. No solo porque entre medias he tenido un Congreso, incluido visita a España. No solo porque me ha costado más que nunca sacar los minutos necesarios para prepararla. No solo porque en estos momentos esté escuchando a Renata Tebaldi cantar arias veristas y así no hay quien se concentre…

Die Soldaten es una pesadilla sobre el escenario. Judíos y gentiles, pastores y laicos, soldados y civiles, personajes que se suceden, se interrumpen, se superponen como queriendo destacar en una competición de sordidez. El argumento, una historia sobre la autodestrucción de la inocencia, es una cuestión menor que menor. Imposible de seguir para el que no la conoce, es fácil perderse en las cacofonías de las múltiples escenas simultáneas, en que acabas no sabiendo quién es quién, o porqué algunos personajes toman las decisiones que toman. Todo permanece en una bruma atontadora, como la de una resaca. La ópera te echa el aliento y huele a sangre en descomposición. Y dices, qué mierda de mundo.

Die Soldaten es una música que te perfora el alma. Sentir la percusión es como estar en una mascletà. No oyes a la orquesta con los oídos, ella vibra en tu pecho, la sientes con todo tu cuerpo. Es imposible abstraerte, porque tú mismo eres la amplificación. Sales del teatro sin recordar un solo fragmento. Pero oyes decir “Marie ist fortgelaufen – Marie se ha escapado” y no puedes evitar sentir como algo en ti se conmueve y se remueve. Es el grito al mismo tiempo de todos los cantantes, de toda la orquesta, de toda la humanidad.

Die Soldaten es una experiencia de lo peor y lo mejor del ser humano. Es el asesinato en notas musicales, la deshumanización sobre el papel y la partitura,  la destrucción de la II Guerra Mundial en las paredes del teatro. Es el terror nazi, ante tus ojos. Pero también es la reacción de los supervivientes, que dicen por siempre: nunca más.

Y después, el silencio.

Mi veredicto

Die Soldaten, presenciada por primera vez el 1 de julio, en vivo, con este reparto.

Te gustará si… eres un monstruo. Si no, es imposible que te guste como te puede gustar Traviata. No hay disfrute hedonista, hay impresión.

No te gustará si… eres un humanista. Esta obra te hará daño. Saldrás del teatro planteándote si el mundo te merece.

Mi puntuación: i. La puntuación imaginaria, aquella que merece una obra terrible y fascinante. Es un 10 de la fealdad.

Os dejo con la única versión que he encontrado de la obra en Internet. Pero una recomendación: id a verla al teatro.

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