Semana 8: Werther – Massenet

¿Os ha ocurrido alguna vez? Ir a ver una ópera que no conoces y quedar insatisfecho, pero al mismo tiempo sentir que  no es culpa de la obra. Sospechar que no es un fallo del texto, ni de la música,  sino de la representación. Que detrás de esa obra que te ha dejado tan indiferente se esconden tesoros desconocidos, sonidos como sacados de un sueño. ¿Os sentís identificados? Creo que es lo que me ha ocurrido esta vez.

Asistí el jueves pasado a una representación de Werther. El reparto, en principio, tenía buena pinta. Cantaba un tenor muy emotivo que, a pesar de sus defectos, ya consiguió una vez hacerme llorar (¡y no soy de lágrima fácil!).Y precisamente con otra obra de Massenet. Pero era en versión de concierto y yo seguía bajo los efectos de Luisa Fernanda. Me quedé indiferente, pero no sordo. Reconocí las indudables virtudes esta ópera, con melodías bellísimas, ora graciosas, ora desesperadas. No hubo un solo momento que me pareciera superfluo, exceptuando la plastez de los Vivat Bacchus. Es verdad que el conocidísimo Pourquoi me reveiller no me llamó, pero tampoco lo contrario. En resumen, una representación de 0 ºC: ni frío ni calor.

Los que me conocéis, sabéis que este blog no tiene ningún afán enciclopédico, sino descriptivo. Quiero mostrar las emociones de asomarse a muchas óperas en poco tiempo. Es como mirar mundos, de país en país, de siglo en siglo e intentar no marearse. Tampoco son crónicas de funciones. Trato de abstraerme lo más posible de la función y centrarme en la ópera: música y texto. Mostrar la obra desnuda. La obra en sí, y no lo que otros han hecho de ella. Sé que es un imposible pero, ¿qué pierdo intentándolo?

Werther es un joven poeta que vive en el actual estado federal de Hesse. Algunos dirán que es un ser de sensibilidad desbordada, prendado del perfume de la brisa que acaricia los pétalos de las flores que brotan en los campos de la alemana Wetzlar. Otros dirán que es un pazguato enamoradizo que a sus 23 años no sabe superar un simple encaprichamiento, con una mujer a la que no conoce de nada. Yo ni quito, ni pongo rey; pero he de reconocer que  me causa mucha ternúrida. Nuestro cuitado héroe conoce a Charlotte, una joven encantadora y huérfana que hace de madre para sus hermanos. Niña que tuvo que madurar demasiado pronto, Werther le ofrece la alegría de volver a la adolescencia. Ella acepta el amor durante un segundo. Pero irrumpe el deber: prometió desposar a otro hombre, a Albert. Cumple su promesa. Su decisión terminará por arrojar a Werther en el negro abismo del suicidio.

Pero los verdaderos protagonistas de la ópera son los niños. Muchos, muy plastas. Cantando villancicos en junio (!). Y en francés, que suena mucho más repelente (Noël, noël, noël!). Se supone que son los hermanos pequeños de Charlotte, pero en realidad son pequeños heraldillos del infierno, seres satánicos creados por Massenet para torturar el alma de Werther, Charlotte y de todos los asistentes. Una razón para no tener hijos. Todavía tengo clavada la cancioncita, Noël, Noël, Noël. ¿Qué les costaba decir Frohe Weihnachten? El final de la ópera, y no miento, consiste en los niños repitiendo a la ventana de Werther el villancico que ensayaban en junio. En ese momento lo entiendes todo: el canto de los niños es un signo. Werther ve en ello un signo del perdón divino en el postrer momento. ¿Pero y si en realidad fuera una burla del cielo a un condenado? Maravillosa ambigüedad.

A un libreto que, a pesar de ser una simple historia de amor, es mucho más que eso gracias a San Goethe, se une una música arrebatadora, un verdadero embrujo de sensibilidades . Escuchemos aquí el momento para mí más bello. Al claro de la blanca luna, el paseo cogidos del brazo en que dos almas descubren el amor en los ojos del otro.

Me he venido arriba. Conforme iba escribiendo este texto, he sentido cómo Werther, su música y su ingenuidad, la pureza de Charlotte, hacían que asomara como una lagrimita en el lado izquierdo de mi corazón, de esas que resbalan por la montura de las gafas. Pensaba darle un ramplón 7 a esta ópera de Massenet. Más de uno de mis amigos massenetianos se habría indignado. Pero, habiendo escrito hoy como un romántico, no puedo hacer otra cosa que dejarme seducir. Pronto tocará volver a la realidad (la Semana 9 pertenece a Mahagonny). Pero yo ya tengo la sensación de que esta ópera me va a acompañar durante años

Mi veredicto

Werther, escuchada por primera vez el 19 de junio, en versión de concierto, con este reparto.

Te gustará si… quieres olvidarte de la vulgaridad del mundo durante dos horas y dejar que tu corazón despegue con el romanticismo desatado del héroe y amante Werther.

No te gustará si… tienes tendencias suicidas u siempre odiaste a los niños que vienen a tu puerta a pedir el aguinaldo.

Mi puntuación: 9

Por último, os dejo con el gran final: Charlotte, Werther y los niños.

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8 pensamientos en “Semana 8: Werther – Massenet

  1. Romanticismo en estado puro. Mentes nubladas por pasiones a punto de desbordarse pero contenidas por una represión absoluta. Eso es Werther. Escucha la versión de Tatiana Troyanos y Alfredo Kraus para Emi dirigidos por Plasson. Escucha esos crueles “noël noël” al final de la ópera justo en contrapunto de todo el drama. Escucha ese grito cuando Charlotte dice “Va, laisse couler mes larmes” y la pastosidad de su timbre después. Aaaaahhhhh. Con decirte que hace años tenia como música en el contestaodor automático el preludio musical a la última escena….

  2. Me vi al leer tus lineas…exactamente lo mismo me ocurrio..hay massenet para rato, de eso no cabe duda. muy buena la ambiguedad del final por cierto, tiene sentido: si de por si el final se me hace sobrecogedor, ahora será lo que le sigue (se eriza la piel).

  3. Yo vi la obra no hace mucho tiempo y, aunque no fue en vivo, la vi con Jonas Kauffman y me encantó. De la obra en sí no sé qué pensar; me dejó un poco confundido. Tal vez la confusión era una de las intenciones de Massenet, el libretista e incluso Goethe.
    P.S. También odié a los niños.

  4. Pingback: Semana 11: Porgy and Bess – Gershwin | Las 52 óperas del año

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